El Presidente Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping sostuvieron una reunión centrada en comercio y tarifas. Ambos gobiernos reconocen que las tensiones económicas siguen siendo altas y que cualquier avance requiere diálogo constante.
Xi reafirmó que China prefiere acuerdos antes que escaladas y que su país está dispuesto a trabajar en soluciones que beneficien a ambas partes. No hizo comentarios triunfalistas ni dramáticos; simplemente insistió en continuar negociando.
Trump reiteró que, si no hay progresos visibles, Estados Unidos aplicará un impuesto del 100% a productos chinos desde el 1 de noviembre. Su postura fue directa: quiere resultados rápidos y claridad en las reglas.
Delegaciones de ambos países ya venían conversando antes del encuentro. Diplomáticos de Beijing señalaron que las últimas rondas técnicas ayudaron a preparar esta cita.
La representación china en Washington pidió días atrás mantener la seriedad en el proceso y evitar declaraciones que distorsionen los hechos.
No hubo anuncio formal ni firma de acuerdos. Los dos mandatarios coincidieron en que los equipos seguirán trabajando.
El mensaje que queda es simple: continúan hablando y ninguna de las dos partes dio por cerradas las negociaciones.
