Osmel Sousa ya no está en Miss Universo. Así, directo. Después de tantos años mandando en ese mundo, le dijeron que hasta aquí. Nada de despedidas largas, ni homenajes. Simplemente ya no sigue. Y eso pesa, porque él fue el tipo que puso a Venezuela arriba, que agarró muchachas comunes y las convirtió en reinas con una disciplina que a veces dolía.
La noticia corrió rápido y claro que saltaron recuerdos. Otra vez salió Migbelis Castellanos contando que él la llamó “Miss Gorda” cuando tenía 18. Lo dijo sin lloradera, pero tampoco suave. Le dolió, y cualquiera entiende eso. Él contestó que también era joven, que sí fue duro, que ya pasó. Así es este mundo: lo que un día levanta, otro día te muerde.
Osmel fue así siempre. No era tierno. No venía a dar abrazos. Venía a ganar. Y ganó. Por eso las reinas salieron de ahí como si hubieran pasado por una fábrica: perfectas para competir. A unas les cambió la vida, a otras les dejó cicatrices. Pero todas sabían quién era el jefe.
Ahora él afuera y el concurso sigue su camino. Nada se detiene. Él buscará dónde pararse, porque silencio no es su palabra. Misses van a seguir hablando, cámaras van a seguir prendidas. Y aunque ya no lo quieran ahí sentado diciendo “no, así no”, la huella queda. Porque no fue un personaje cualquiera. Fue el que mandó.
Ya veremos qué hace ahora. Pero que nadie venga a decir que no dejó marca. Eso sería mentira.