El Papa León XIV dedicó su intervención de este miércoles en la Plaza de San Pedro a una explicación sobre la muerte y las interpretaciones contemporáneas que intentan redefinirla. Desde el inicio de su catequesis, señaló que varias visiones modernas, incluido el transhumanismo, proponen la superación de la mortalidad mediante avances tecnológicos y la idea de una “inmortalidad inmanente”, presentada como respuesta al temor humano ante el final de la vida.
El pontífice planteó dos interrogantes dirigidos a quienes sostienen estas propuestas: si la ciencia puede vencer de manera real la muerte y si, aun en ese escenario, una vida sin muerte aseguraría felicidad. Indicó que estas teorías no responden al sentido último de la existencia humana ni a la inquietud que la finitud provoca en todas las épocas.
León XIV describió la muerte como “el acontecimiento más natural y, al mismo tiempo, más antinatural que existe”, expresión con la que quiso mostrar la tensión entre la realidad biológica y el impulso permanente del ser humano por continuar viviendo. Afirmó que, en la sociedad actual, la muerte se ha convertido en un tema que se evita, un asunto tratado con distancia que ha contribuido a disminuir prácticas tradicionales como las visitas a cementerios.
El Papa señaló que la conciencia de la propia mortalidad distingue al ser humano del resto de criaturas, pero esa claridad no elimina la incertidumbre. Explicó que este reconocimiento genera en muchas personas mecanismos de evasión que se manifiestan en silencios, negaciones y fugas ante la posibilidad de morir.
Frente a las propuestas tecnológicas que buscan suprimir la muerte, León XIV reafirmó la visión cristiana, según la cual la muerte no constituye un error ni una falla humana. En su planteamiento, la muerte se entiende como un tránsito hacia la vida eterna y como parte del camino interior que la Iglesia ha enseñado desde sus orígenes.